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Capital riesgo y empresa familiar


TRIBUNA de Bosco de Gispert, abogado y socio en Grupo Gispert.

¿Es compatible la visión e idiosincrasia de la empresa familiar con la entrada de fondos de inversión de un perfil, al menos aparente, totalmente distinto? A simple vista, la respuesta fácil debería ser no. La empresa familiar, tradicionalmente conservadora y heredera de una tradición transmitida de generación en generación, parece muy distinta, y distante, a la mentalidad de los fondos de inversión, asociados a la búsqueda de un dividendo y beneficio, más o menos inmediato y, en muchos casos, a la búsqueda de una salida a corto o medio plazo, aparentemente incompatible con la visión mucho más a largo plazo de la empresa familiar.

Esta dualidad, insisto que aparente, es cada vez menor y vemos una creciente presencia de private equity de los más diversos tipos, pues no es en ningún caso una categoría unitaria, invirtiendo en formas muy variadas en empresas familiares.

Este cambio de tendencia viene avalado por varios factores. Es evidente la mayor dificultad que han tenido las empresas españolas en los últimos años para acceder al crédito bancario, tradicional forma de financiación y también se está produciendo un cierto cambio de mentalidad y una necesidad de crecimiento, inversión en I+D y expansión en otros países, que encaja perfectamente con el perfil inversor del capital privado, mucho menos agresivo e invasivo, en muchos casos, que la tradicional financiación bancaria.

No es menos cierta la contraposición de intereses entre la visión a largo plazo de la empresa familiar y su voluntad de transmitirse a la siguiente generación, con los consabidos problemas de profesionalización y dispersión del capital conforme se van sumando generaciones, con la voluntad de los inversores privados de obtener un beneficio en un plazo relativamente breve. La tradicional forma de entrada de este tipo de fondos es mediante la adquisición de una posición minoritaria del accionariado de la compañía, aportando profesionalidad y transparencia, como tantas veces se ha destacado y, siendo, normalmente, poco invasivos en la toma de decisiones estratégicas pues el fondo es consciente que el que verdaderamente conoce el negocio es el socio industrial.

Esta entrada en el accionariado, sea directa, mediante préstamos participativos, opciones de compra u otras figuras, va normalmente ligada a una futura salida en el plazo de conversión que el fondo en cuestión pretenda. Es, por ello, fundamental, negociar unas condiciones de salida factibles para la empresa y que no supongan una carga excesiva o incluso inasumible que ponga en riesgo su propia viabilidad.

También es fundamental regular la coexistencia del fondo y el resto del accionariado familiar y su papel y peso en la toma de decisiones estratégicas y de negocio, la política de dividendos y su presencia en los órganos gestores y rectores de la compañía, pues todo ello será básico para el correcto desarrollo de la compañía y para evitar situaciones de bloqueo o conflicto. Estas cuestiones sueles solucionarse por medio de pactos de socios que regulan las condiciones de salida y la toma de decisiones durante la coexistencia, entre otras cosas y que son fundamentales para que la relación funcione de forma satisfactoria para las dos partes.

Se trata, en definitiva, de aunar intereses aparentemente contrapuestos pero que no dejan de tener un margen de confluencia que puede ser interesante tanto para la empresa con necesidad de crecimiento como para el fondo con necesidad de rentabilidad.

Puede igualmente ser de mucha utilidad en situaciones de conflicto familiar y bloqueo societario por las desavenencias o enfrentamientos entre algunas de las ramas familiares representadas en la compañía. Ante una eventual imposibilidad de adquisición de los paquetes accionariales de los miembros disidentes por parte del resto de socios, acudir a un private equity puede ser una muy buena alternativa para desbloquear el conflicto y permitir la entrada transitoria de un nuevo socio que aportará los fondos necesarios para facilitar la salida de una de las partes en conflicto.

Esta creciente presencia de capital privado en la empresa familiar tiene aún un largo recorrido por delante, pues si bien es cierto que ha habido una proliferación de fondos y empresas de capital privado en España, todavía se está a niveles ciertamente inferiores a los que encontramos en países de nuestro entorno más próximo en los que la presencia de capital privado en la empresa y, en especial, en la empresa familia, es aún muy superior a la que encontramos hoy en España.

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